Vistas desde Ezcaray

La fama de Ezcaray como casco urbano encantador ha quedado un poco eclipsada por la de su flamante estación invernal, Valdezcaray, pero sus callejuelas con soportales, engalanadas con flores, y sus plazuelas porticadas e irregulares siguen ahí, igual de bellas que siempre, conjugando la arquitectura popular serrana con los palacetes señoriales. Con poco más de dos mil habitantes, sorprende su palpitante calendario cultural, su refinada gastronomía y el legado de una ancestral industria textil que brinda la oportunidad de llevarse un souvenir con carácter y que contribuye a un desarrollo rural sostenible: una manta de lana. La Real Fábrica de Paños de fundó en 1752 apoyada por el ministro Marqués de la Ensenada y llevó el nombre de la mujer de Fernando VI, doña Bárbara de Braganza. Su nombre suena a euskera porque fueron grupos de vascos los que repoblaron estos valles allá por principios del siglo X, cuando el primer rey de Pamplona Sancho Garcés I arrebató las orillas del Oja a los musulmanes. No se devanaron los sesos a la hora de buscar un nombre: Ezcaray proviene de la unión de los vocablos haitz y garai, es decir, “peña” y “alta”. La toponimia persiste en esta simple idea y hoy le otorga a la comarca el nombre de La Rioja Alta, porque es aquí donde el país del vino se acerca más al cielo.


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