
Paseas por el casco antiguo de cualquier ciudad de la vieja Europa. Un rincón aquí, un detalle allá.
Te llama la atención una ventana enrejada, el pomo de una puerta, un luminoso mirador,…
Sigues callejeando sin rumbo fijo, intentando algo difícil, captar el alma del sitio con tus fotos.
Inmerso en tus pensamientos, te cruzas con alguien y la imaginación echa a volar como un pajarito enjaulado al que le han abierto la puerta. Y comienzas a imaginarte la apariencia que tendría esa persona cuando se creó la calle por la que vas, cuales serían sus problemas, sus inquietudes, sus pensamientos…
Cómo sería la casa que acabas de pasar, quién viviría…
Has empezado a pasear en el tiempo.
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