Casi todo el mundo llega a Zaragoza con el mismo plan: la Basílica del Pilar, la Seo, la Lonja, una caña por el Tubo y a la estación.
Es una visita legítima, pero se queda en la superficie. Zaragoza tiene otra cara, más pausada y mucho más fotogénica, que se descubre cuando uno se aparta de la plaza más famosa de la ciudad y mira con calma.
La Plaza Paraíso y su aire de ciudad señorialA pocos minutos del centro, la Plaza Paraíso es de esas esquinas que casi nadie incluye en la visita rápida y que, sin embargo, resumen muy bien el carácter de la ciudad.
Rodeada de edificios de finales del siglo XIX y principios del XX, con sus fachadas de ladrillo y piedra, sus balcones y su arbolado, tiene una elegancia tranquila.
Al atardecer, cuando la luz rasante dora las fachadas, es un lugar ideal para fotografiar sin prisas, con las terrazas empezando a llenarse y los vecinos paseando.
El Paseo de la Independencia, mucho más que una calle, es la gran arteria de Zaragoza y, curiosamente, la gran olvidada de los visitantes de un día, que cruzan por ella sin mirar. Merece la pena recorrerla de arriba abajo con la cámara.
Sus edificios modernistas y eclécticos, sus balcones de hierro, sus cafés históricos y sus farolas componen una perspectiva larga y simétrica que funciona de maravilla con teleobjetivo.
Al anochecer, con las luces de los comercios y el tráfico dibujando estelas, se transforma.
Y en las primeras horas de la mañana, casi vacío, ofrece una versión silenciosa y limpia de la ciudad.
La Facultad de Medicina Vieja: un edificio con memoriaMuy cerca de la Plaza Paraíso, el antiguo edificio de la Facultad de Medicina y Ciencias, de principios del siglo XX, es una joya que pasa desapercibida para el turista.
Su arquitectura de ladrillo, su composición sobria y sus detalles ornamentales hablan de una Zaragoza ilustrada, científica y ambiciosa. Fotografiarlo con luz suave de última hora resalta la textura del ladrillo y las proporciones del conjunto.
Es un buen recordatorio de que la ciudad también se explica a través de sus universidades y de la gente que pasó por ellas.
El Zaragoza mudéjar, a la vuelta de la esquinaLa ciudad guarda además un tesoro que se pasa por alto: sus torres mudéjares, algunas Patrimonio de la Humanidad, con sus ladrillos geométricos y sus celosías. Las de San Pablo, la Magdalena o San Gil se ven mejor sin prisa, en callejones estrechos donde la luz de la tarde resalta cada relieve.
Es una arquitectura que pide paciencia y un buen objetivo.
San Pablo y el Gancho: la ciudad con carácterEl barrio de San Pablo es otra Zaragoza: fachadas con historia, comercios de toda la vida, murales, bares con alma y vecinos que viven la calle.
No es la ciudad de folleto, y precisamente por eso funciona tan bien para la fotografía callejera.
La hora azul, cuando se encienden las primeras luces, le sienta de maravilla.

